El precio de los alimentos se multiplica ya hasta por diez entre el campo y el supermercado

Alicante, 15-03-2022.

  • En el caso de las naranjas la diferencia entre origen y destino es de un 875%
  • La inflación en el mes de febrero se sitúa en el 7,6%
  • la guerra está provocando una gran incertidumbre en el mercado de cereales

El encarecimiento del coste de las materias primas, el transporte y la energía, unido a una inflación del 7,6% a mes de febrero, está llevando a que la diferencia entre lo que paga en origen (agricultor) y lo que se cobra en destino (supermercados) es de casi un 900% en alimentos como las naranjas.

En un contexto condicionado por el encarecimiento de las materias primas debido a la subida de los costes de la energía, una inflación del 7,6% en febrero, y ahora por la guerra en Ucrania, que ha suspendido sus exportaciones sine die, la diferencia en el precio de los alimentos entre lo que los supermercados pagan en origen y lo que se cobra en destino es en algunos productos de hasta un 875%, como en el caso de las naranjas; de un 830% en los limones o de un 754% en los ajos.

Asimismo, de diferencia porcentual es de un 619% en las patatas; de 571% en las mandarinas; 588% en las zanahorias; 532% en las cebollas y 462% en el brócoli.

La diferencia entre el precio de origen y el de destino es de hasta un 408% en el caso de la carne de cerdo

Con datos actualizados a febrero de este año, también se aprecia una importante subida en los precios de las carnes, que aún podría agravarse más a lo largo del año si se encarecen los piensos animales elaborados, en gran medida, con cereales procedentes de Ucrania, que acaba de suspender sus exportaciones para priorizar el abastecimiento interno.

Así, la diferencia entre el precio de origen y el de destino es de hasta un 408% en el caso de la carne de cerdo; de un 309% en la carne de ternera; de un 219% en la de cordero; y de un 167% en la carne de pollo.

La diferencia entre lo que se paga al agricultor y el precio de los alimentos que compramos en los supermercados también es notable en verduras como las alcachofas (363%), las acelgas (360%), las berenjenas (241%) o los calabacines (260%).

Álvaro Areta, responsable del departamento de Economía Agraria de Coag, explica que los márgenes respecto a meses anteriores se han contenido y que tenemos “los valores más bajos del último año y de los últimos cuatro meses en cuanto a origen y destino“. Señala también que hay una contención en cítricos pese a que los diferenciales siguen siendo altos.

En lo relativo a la incidencia que la invasión de Ucrania por parte de Rusia puede tener sobre los precios, Areta apunta que “su impacto aún no se nota porque llevamos dos semanas de guerra, aunque las tensiones vienen de lejos por el encarecimiento de precios desde el segundo semestre del 2021″.

Areta cree que habrá que esperar a los próximos meses para saber qué incidencia tiene el conflicto armado sobre los precios, aunque se aprecian ya distintos movimientos en los mercados, y refiere “incertidumbre en el mercado de cereales“, pese a lo cual asegura que las importaciones de Ucrania ya están aseguradas para esta campaña, y que, por ejemplo, el puerto de Tarragona opera al 80% de su capacidad.

Donde sí se sienten ya las consecuencias de la invasión rusa es en el sector de la producción de carne, una de las actividades económicas más sensibles a lo que está sucediendo en Ucrania.

Tal y como reconoce Josep Collado, secretario general de Federación Empresarial de Carne e Industrias Cárnicas (Fecic), desde el pasado 2 de marzo la factura del maíz, principal componente de la alimentación del ganado nacional de carne, se ha incrementado un 32% y las expectativas del aumento de valor de su reposición se encuentran en un 40%.

En la actualidad, los productores de ganadería de carne españoles obtienen una tercera parte del maíz con el que alimentan al ganado de proveedores nacionales, mientras que las otras dos terceras partes se compran a otros países. La mitad de estas importaciones de grano llegaban desde Ucrania.

De esta manera, el riesgo de desabastecimiento para la industria cárnica crece con el paso de las semanas, como reconoce Collado, ya que una tercera parte de la producción de maíz ucranio no ha logrado salir del país por el bloqueo ruso en el Mar Negro y la cosecha de 2022 se encuentra seriamente amenazada.

Una prolongación del conflicto bélico, recuerda Collado, obligaría a nuestro país a importar maíz de otros proveedores más lejanos, incrementando aún más el coste de producción por el encarecimiento logístico y el incesante aumento de la factura energética.

El capítulo dedicado a ‘Electricidad, gas y otros combustibles’ registró un encarecimiento del 60,3% respecto a febrero de 2021

Conviene recordar que, en el mes de febrero, el precio de la electricidad registró un encarecimiento interanual del 80,5%, mientras que los combustibles líquidos subieron un 52,3% en nuestro país, según los últimos datos del IPC publicados por el Instituto Nacional de Estadística (INE).

En su conjunto, el capítulo dedicado a ‘Electricidad, gas y otros combustibles’, que agrupa todos los productos energéticos, registró un encarecimiento del 60,3% respecto a febrero de 2021, tras el 39,6% registrado en enero. El dato de marzo, que ya reflejará de lleno el impacto de la guerra, será previsiblemente mayor.

Importación

Esta situación llevó la semana pasada a las cooperativas agroalimentarias españolas a solicitar a las autoridades europeas una relajación en sus normas y permitir la importación de cereales de mercados alternativos como Estados Unidos y Argentina.

Las cooperativas recordaban que las reservas de maíz en nuestro país permitirían aguantar apenas seis semanas con el actual ritmo de consumo de las diferentes industrias, de 100.000 toneladas diarias.

En este sentido, destacaban la importancia de abordar una posible revisión y relajación de las políticas comunitarias que en la actualidad no permiten importar cereal de países con cultivos transgénicos o que incumplen las normativas europeas en cuanto al uso de fitosanitarios en los cultivos.

El campo no es el único sector en reclamar medidas de choque ante la urgencia de la situación. En el marco del evento profesional HIP, Hospitality Innovation Planet, celebrado la semana pasada en Madrid, diversos directivos del sector de las cadenas de restauración organizada, trasladaron a la ministra de Industria, Reyes Maroto, la necesidad de presionar a Bruselas para que deje aparcadas sus estrategias a largo plazo para atender el posible desabastecimiento de materias primas fundamentales para su actividad como, en su caso, el aceite de girasol de Ucrania, que representa el 60% del total importando en nuestro país.

Directivos de varias de estas cadenas reconocían que, tras varios meses de presión inflacionista en sus costes de explotación, ya han tenido que elevar precios.

Problemas a largo plazo

Los problemas, sin embargo, no se limitarían al corto plazo. En estos momentos, comienza la plantación de cultivos de primavera en Ucrania, aunque las condiciones de la guerra cuestionan la capacidad de ese país para producir como un año habitual.

El gobierno ucraniano está haciendo esfuerzos en ese sentido y ha eximido a los agricultores de la obligación de entrar en combate para que se dediquen a sus labores agrícolas para salvar la campaña.

Fuentes del sector de las empresas de semillas y fitosanitarias, sin embargo, reconocen las dificultades para hacer llegar la simiente a todo el país, aunque confían en que no haya problema en la parte oeste, donde de momento la situación del conflicto no es tan grave.

Una de las alternativas planteadas por el ministro de Agricultura ante sus homólogos de la UE, pasa por permitir sembrar más girasol, pero aunque así fuera, tampoco permitiría aliviar ahora la falta de materia prima. Y la sustitución de compras de cereal a Ucrania por el procedente de otros países, como Argentina, Brasil o Estados Unidos, tampoco parece nada fácil, debido a la sequía, que está afectando de forma muy severa a amplias zonas de América.

Hace apenas unas semanas, el ministro argentino de Agricultura, Ganadería y Pesca, Julián Domínguez, admitía el “nerviosismo” y la “preocupación por el impacto de la falta de lluvias y de la crisis climática“.

Y en Estados Unidos, el mayor productor de maíz y el quinto del mundo de trigo, la situación no es mucho mejor. La falta de lluvias, especialmente en la costa oeste está provocando la peor megasequía de los últimos 1.000 años, de acuerdo con los datos de la Universidad de California.

La pretensión española es que se facilite la llegada de las materias primas agrícolas “desde todos los orígenes”

Ante todo ello, el valle central del estado californiano, que está considerado como el gran granero del país, difícilmente podrá alcanzar los niveles de producción ni ahora ni en los próximos años. Sobre todo porque, según advierten los expertos, tendrían que pasar varios años con un balance hídrico normalizado para compensar la actual carestía.

La pretensión española es que se facilite la llegada de las materias primas agrícolas “desde todos los orígenes” porque es necesario, principalmente, para asegurar la producción de alimentación animal.

Al margen de lo que pueda ocurrir con la producción debido a la sequía, se trataría de suavizar “temporal y excepcionalmente”, y siempre que fuese necesario, los requisitos que impone la Unión Europea sobre uso de fitosanitarios o de Organismos Modificados Genéticamente (OGM).Para ello es preceptivo el visto bueno de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria.

 

 

Fuente; eleconomista.es

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