Las Pensiones son el gran problema de España y nadie quiere hablar de ello

España tiene muchos problemas económicos que no han sido resueltos en los últimos años. Pero si hay que elegir uno claramente tenemos un ganador: el sistema público de pensiones. Eso sí, en la campaña electoral no se va a hablar mucho de ello, los partidos prefieren centrarse en temas que atraigan a sus votantes (derechos sociales, unidad de España…) porque realmente la única solución posible no gusta a nadie.

En España tenemos un problema gravísimo con las pensiones. Es un problema que lleva décadas en la agenda política, ya en el año 1985 hubo la primera reforma para evitar su quiebra. Sin embargo todas las reformas que ha habido desde entonces son insuficientes para hacer frente a un problema que ya está aquí. Y se habla muy poco de él.

Las cifras

Las pensiones públicas a día de hoy son insostenibles. En 2016 el déficit de la Seguridad Social (la diferencia entre lo gastado y lo recaudado) fue de 18.500 millones de euros. En 2017 fue de 18.800 millones. En 2018 se estima (las cifras todavía no son públicas) que rondará 19.500 millones y para 2019 se barajan los 22.000 millones, todo esto con una expansión del empleo importante.

El motivo es que cada vez hay más pensionistas y los trabajadores no aumentan en la misma proporción, debido a que la demografía de las últimas décadas es la que es y la crisis económica ha hecho que la llegada de inmigrantes sea baja.

Hay que entender cómo funciona el sistema de pensiones público en España (y en casi todos los países desarrollados del mundo). Es un sistema de reparto: son los cotizantes, los trabajadores de hoy, los que pagan las pensiones de los jubilados. Es decir, cuando un trabajador cotiza no está “ahorrando” dicho dinero para el futuro, ese dinero se usa para pagar ese mismo mes a los pensionistas.

Las cifras que tiene España son preocupantes, sobre todo porque la cifra de personas en edad de trabajar va a ir cayendo en las próximas décadas y la de los pensionistas va a ir creciendo. Es inexorable. En 2050 habrá aproximadamente un trabajador por cada pensionista.

El problema

El verdadero problema que supone esto para España es que las pensiones se están comiendo el gasto público, poco a poco. En 2007 las pensiones suponían el 33,85% del gasto público español. En 2018 el 44,16%. Y esto a pesar de las reformas de 2011 y 2013. Y la proporción va a seguir subiendo, más aún cuando el Gobierno ha revertido algunas de las reformas de contención de gasto de 2013, como el índice de revalorización de las pensiones.

Como las cotizaciones no dan para cubrir los gastos y la hucha de las pensiones ya se ha agotado lo que está haciendo el Estado es hacer préstamos a la Seguridad Social, en principio para que sean devueltos en el futuro. Pero la Seguridad Social no va a poder devolver dicho dinero si sigue teniendo déficit. Lo que llevan diciendo algunos, que hay que empezar a financiar las pensiones no solo con cotizaciones sino con impuestos, es ya hoy una realidad, aunque haya sido una reforma por la puerta de atrás.

Y hay un problema aún más grave. La percepción de la sociedad, por parte no solo de los pensionistas, sino del público en general (todos el mundo tiene familiares pensionistas y la idea de cobrar una pensión en el futuro) de que cualquier reforma que recorte la pensión es injusto, ya que tantos años de cotización deben recompensarse con una pensión.

Independientemente de que esto significa no entender bien el sistema de reparto, imaginemos que lo justo es recuperar el dinero cotizado tras la jubilación. Con la reforma de 2013 hay que cotizar 37 años y jubilarse a los 67. Teniendo en cuenta que la cotización es aproximadamente un 30% del sueldo (en realidad es un poco menos), el dinero aportado se recuperaría en forma de pensión en 11 años (es decir, a los 78 años). La esperanza de vida en España es de 83 años.

Estos cálculos son algo toscos, pero los que los han hecho con datos de verdad (pues ni todo el mundo se jubila con 37 años cotizados ni a los 67) sacan unos resultados similares.

La solución

En la reforma de 2011 se apuntaron a ciertas soluciones. De hecho, a partir de dicha reforma se formó un comité de expertos que fijó unos criterios para el cálculo de la pensión y de la revalorización. La idea era que el sistema tendiera automáticamente a autosostenerse, es decir, a cerrar el déficit. La idea era bastante buena porque además fijaba unos mecanismos de hacer esto de forma paulatina, entrando en déficit la Seguridad Social de forma temporal para amortiguar efectos negativos sobre los pensionistas (como bajadas abruptas de la pensión).

Lo propuesto por el grupo de expertos se quedó a medias, ya que el Gobierno de Rajoy no se atrevió a fijarlo tal cual, e introdujo un mínimo en la revalorización, el 0,25%. Esto hacía imposible que las pensiones pudieran bajar. Pero después todo ha quedado en nada, pues el pacto de Toledo ha vuelto a meter el IPC como el índice de revalorización de las pensiones y en los dos últimos ejercicios así se han revalorizado las pensiones.

Pero la solución óptima sigue ahí: si no queremos que las pensiones se coman todo el Presupuesto, que el Estado se cebe con los jóvenes, proporcionando menos gasto en educación, por ejemplo, hay que volver a lo dicho en la reforma de 2011 y aplicando los criterios del comité de expertos: el déficit tiene que tender a cero con ajustes en el gasto.

A veces se piensa que esta postura es de derechas pero lo cierto es que en dicho comité había gente de todas las ideologías. Y hay que tener una cosa clara: la mejor forma de destruir algo es que no sea sostenible. Si se quiere mantener el sistema público de pensiones no puede tener déficit y la mejor forma es seguir las recomendaciones de dicho comité o ejemplos parecidos como el que propone el BBVA, con revalorizaciones más bajas que el IPC y con impuestos transitorios para evitar efectos negativos durante los años más duros.

Si no se hace nada en 2050, con prácticamente un cotizante por cada pensionista, el déficit de la Seguridad Social llegará al rango del 4-6% del PIB (según la Autoridad Fiscal Independiente y la Comisión Europea) lo cual es una verdadera barbaridad. Recordemos que con déficits similares de todo el Estado la Unión Europea nos tuvo que rescatar parcialmente. Un déficit de este estilo no dejaría margen de maniobra al Estado, habría que recortar decenas de miles de millones de euros en el gasto público de otras partidas. ¿Qué tocamos? ¿Sanidad? ¿Educación? ¿Seguridad? ¿Infraestructuras? Realmente todo estaría afectado.

¿Por qué no gusta y nadie quiere hablar del tema?

El problema y la solución están claras, pero apenas se habla de este tema. La realidad es que los partidos no se atreven a decir en voz alta lo que está pasando, lo que va a pasar y las medidas que hay que tomar, ni siquiera en el Pacto de Toledo. Temen hundirse en las elecciones. Y lo cierto es que es posible: la población jubilada no hace más que aumentar y la joven disminuir. Y sí, los jubilados están saliendo a la calle para pedir que no se rebaje ni un céntimo de sus pensiones. Pero alguien tiene que explicarles que sus nietos estarán hacinados en sus clases y que no tendrán becas si seguimos con este sistema.

Los partidos están instalados en el cortoplacismo: prefieren contentar a los votantes más mayores y lograr la simpatía de los más jóvenes con mensajes sensibleros (“son nuestros mayores”, “todos tenemos derecho a jubilarnos con dignidad”) que afrontar la realidad y explicar que esto no es sostenible. El problema que sufriremos en pocos años ya se lo “comerán” otros.

En estos momentos vendría bien recordar la crisis financiera de 2007-2009. Muchos Gobiernos no quisieron ver el problema unos años antes. Y es que hay que ser muy aguafiestas para cuando hay prosperidad tomar medidas impopulares para un futuro incierto. Pero si no se hace nada, como no se hizo en dicho momento, la caída es mucho peor. Todavía estamos a tiempo de arreglar el problema de las pensiones en España, aunque la solución pase por reducirlas.

Fuente; elblogsalmon.com

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